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Javier Santos
Martes, 28 Diciembre 2010

La lombriz al lanzado: la técnica al máximo nivel

La pesca con lombriz se suele asociar con dos modalidades: pesca a fondo y lombriz corrida; y con varios tópicos: paciencia, quietud, y técnica escasa.

Sin embargo la pesca con lombriz tiene otra modalidad, la lombriz al lanzado, que partiendo de la filosofía de la pesca tradicional, utiliza los materiales más modernos y las técnicas de pesca más complejas. En esta moderna modalidad el lanzado es muy importante, pero es el control de la velocidad y de la dirección del cebo lo verdaderamente importante y complicado. Por eso, todos los materiales utilizados están orientados a facilitar el lanzado y su control posterior.

Así, la caña es de fibra de carbono, de entre 3 y 4 metros de larga, ligera, potente y resistente. El carrete de lanzar, con la bobina amplia y repleta siempre de hilo. Para facilitar al máximo el lanzado suelen emplearse dos o tres bobinas por día de pesca, con un hilo fino, del 16 al 20. Los plomos muy pequeños para evitar que se traben, el anzuelo muy grande (al menos del nº 1), para facilitar el desanzuelado de las truchas pequeñas, y recto, para que sea tomado más fácilmente. Las botas sólo son necesarias para no mojarse, ya que esta modalidad, como todas las tradicionales, parte de la premisa del respeto total al río. Aunque suponga una mayor dificultad, la pesca debe realizarse siempre desde fuera del río, respetando el ecosistema acuático.

El lance completo conjuga cuatro movimientos: lanzado, recorrido, picada y sacada. Los lanzados directos, gracias a la mayor potencia de la caña, compiten en distancia con los de cucharilla, y no necesitan ni el espacio ni los visibles movimientos del lanzador de moscas sin bolla. Los lanzados rasantes, y sobre todo los espectaculares lanzados indirectos requieren muchos años de práctica, y están limitados únicamente por la técnica del pescador. Como en todas las modalidades el lanzado, además de tratar de poner el señuelo en el lugar deseado, tiene que ser completado sin que la trucha detecte al pescador, ya que si eso se produce, la trucha no picará. Gracias a la potencia de sus materiales, y a la variedad de sus técnicas, si se tiene la práctica suficiente nada quedará fuera del alcance de esta modalidad, que lo mismo rastrea tablas que vaderas, corrientes que pozos, y que es capaz de lanzar por los huecos más pequeños o salvar matas y obstáculos mediante los lanzados curvos. La lombriz al lanzado buscará a las truchas estén donde estén, cerca o lejos, escondidas o "puestas", en superficie o en pozos profundos, en aguas claras o tomadas, ya que es una modalidad versátil, compleja y espectacular.

Sin embargo, y dado que sólo unas pocas veces la trucha coge el cebo nada más caer al agua, el dominio del recorrido del cebo es la parte más importante, y el que requiere más técnica y práctica para poder controlar la velocidad y la dirección de la lombriz. Naturalmente estos son dos conceptos inconcretos, etéreos, y únicamente si se produce la picada el pescador podrá pensar que ha acertado en la apreciación de estas dos variables fundamentales. El conseguir que la lombriz baje de forma natural, exactamente en la misma dirección que la llevaría el agua, es un problema complicado, ya que al pescar desde fuera del río tenderá siempre a acercarse a nuestra orilla. Para controlar la dirección el pescador utiliza el arco exterior de nylon, la parte no sumergida, que es siempre acompañado y guiado por la caña. Si pensamos en un largo cauce que tenga menos de 30cm. de ancho, y que este situado a más de 20 m. de nosotros, serán bastantes los pescadores que conseguirán poner en él la lombriz, pero muy pocos los que conseguirían conducirla varios metros a lo largo del cauce sin que llegue en ningún momento a tocar el lateral más cercano a nosotros. Para conseguir dominar la velocidad, el pescador modifica el arco de nylon sumergido, de forma que ofrezca más o menos resistencia a la corriente. Por eso, y con la misma plomada, un experto puede conseguir parar el cebo en una fuerte corriente o acelerarlo. En esta modalidad el pescador, como un torero en un pase al natural, acompasa el movimiento del brazo, del arco y de la caña, tratando en todo momento de dominar el lance, de forma que el movimiento natural del cebo permita engañar el poderoso instinto de la pintona.

La picada es sin duda el momento más excitante, un momento reservado únicamente a la pesca natural, que hace que nadie que haya dominado esta modalidad quiera sustituirla por ninguna otra. "Para que quiero pescar una trucha si no puedo sentirla". Aquí, como en el juego de la siete y media, tan malo es pasarse como quedarse corto. El control del arco del nylon es decisivo, tanto para evitar que al tensarse la trucha sienta al pescador, como para permitir un buen clavado. Cuando la picada se produce muy lejana, o teniendo que salvar una fuerte corriente, el clavado es complicado, pero cuando se domina el arco exterior pueden conseguirse casi el 100% de aciertos.

Actualmente, y como medio de superar las prohibiciones a la pesca natural, y evitar al mismo tiempo pescar vadeando, se está empezando a utilizar una modificación de esta modalidad. Consiste simplemente en sustituir los plomos por una gran ninfa que permita un poderoso lanzado, y la lombriz por una o dos ninfas imitadoras de larvas o insectos.


Javier Santos.
Miembro del Consejo Territorial de Pesca de Burgos


Página visualizada el Miércoles, 03 de Septiembre de 2014 a las 08:56:56
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