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MIRCOLES, 17-NOVIEMBRE-2010

La trucha, el perro y el pescador

Era una tarde calurosa de verano. Un pescador pasea con su perro, llamado Sil, por las orillas del río Torío que ahora baja casi seco y aprovechan para recoger basuras que afean y contaminan el río. El perro no habla pero no le hace falta por que entre ellos se entienden de maravilla. Al llegar a un lugar donde el se acostumbra a bañar señaló con gesto y cortos ladridos, guau…guau…guau, un charco donde algo se movía, el pescador, al acercarse, pudo ver que en aquella poquita agua enfangada había varias truchas intentando sobrevivir. Con mucho cuidado, él con las manos y el perro con la boca, fueron llevando las truchas para una parte del río más profunda, hasta que solo quedó la más grande que no se dejaba coger.

El pescador murmurando dijo a su perro…
-Déjame Sil, que a ti igual te tiene miedo.
-Os tengo miedo a los dos.- respondió la trucha un poco asustada

La sorpresa fue enorme ya que era la primera vez que escuchaban hablar a una trucha.
-Bueno, tranquila que solo queremos salvarte llevándote a otro lugar con más agua y lo haremos con mucho cuidado.
-Bien, si es así…vale, gracias.
Cuando el pescador la soltó con mimo en un lugar profundo, la trucha les dio las gracias con un coletazo en el agua y desapareció adentrándose en el río.

El tiempo pasa, del verano al otoño y del invierno a la primavera, nadie lo puede parar.
En primavera comienza la pesca y para el veterano pescador su mejor afición, Sil le acompaña.

La trucha por más que peleo no pudo con la habilidad del pescador.
Cuando se vio fuera del agua pensó que era el final, pero al oír unos ladridos conocidos supo que, otra vez, estaba salvada.
-De nuevo nos vemos compañera.- le dijo el pescador
-Menos mal que sois vosotros, pensé que era el final.- contestó la trucha con alegría.
-Cuéntame, que tal te ha ido en este tiempo.- le preguntó el pescador mientras la posaba con mucho cuidado en el agua.
-Es como un cuento largo, muy largo.- le dijo la trucha con ánimo de no aburrir.
-No te preocupes tenemos tiempo.- contestó el pescador acomodándose en la orilla del agua al mismo tiempo que Sil se echaba a su lado muy atento a todo.
-De acuerdo, pues escucha; a la semana de dejarnos a todas en aquel pozo ya éramos amigas y siempre juntas recorrimos los remansos y las corrientes del río, persiguiendo insectos y toda clase de bichitos. También jugamos a pillar y al escondite. Cuando surgían problemas, la pintona, que así me llamaban las demás truchas, ponía orden y disciplina. Decían que era yo la más fuerte y la que mejor nadaba. Decían, también, que era la más lista por no dejarme atrapar ni engañar por nadie y así me convirtieron en la capitana del grupo, todas mis compañeras me querían y me respetaban.- se metió entera en el agua y se refrescó.
-Guau…guau.- Sil soltó un ladrido pensando que se marchaba.
- Y todo eso es así ? .- preguntó el pescador con admiración.
-Bueno algo hay, me han enseñado muchas cosas mis antepasados que han vivido en este río muchísimo tiempo, pero lo más importante es que nos ayudamos.

Al pescador le llamó la atención su cuerpo esbelto y ágil lleno de pecas como pintadas con rotuladores de colores, sus ojos como pequeñas canicas marrones con un puntito negro en el centro y las aletas que no dejaban de moverse al igual que su cola, era un pez muy lindo…. pensó.
-Eso es muy interesante, cuenta, cuéntanos más.
- Bien, pues mira, cuando la nutria, la garza o el intruso cormorán intentaban convertirnos en su comida nos avisábamos unas a otras y salíamos nadando a toda prisa cada una por donde podía, luego, pasado el susto, comentábamos lo ocurrido y como habíamos escapado…yo me escondí entre unas raíces…jejeje pues yo debajo de una roca…jajaja y nos reíamos a pesar del miedo que habíamos pasado.
-Veo que os divertíais mucho.
-Si, la verdad es que nos lo pasamos guay y aunque estos a veces nos comen tenemos enemigos mucho peores…
-Si, lo sabemos. Todo el mundo lo sabe pero nadie hace nada por ayudaros. Tendrás más aventuras,…. no?
-Pues claro, escucha; cuando llega el frío invierno y nieva en las montañas nos preparamos para poner las huevas de donde nacerán otras pequeñas truchas. Pero para eso necesitamos aguas muy limpias y tenemos que subir por las corrientes del río lo más arriba que podamos, donde ya no haya casas ni carreteras, donde solo haya río, cielo y montaña.
-Si, sigue.
-Todas juntas empezamos a nadar río arriba en busca de las mejores aguas. Pero pronto nos dimos cuenta que iba a ser una misión muy difícil. Al pasar por algunos pueblos nos encontramos que las aguas estaban muy sucias y había basura por todos los rincones del río, también aparecieron trampas hechas por furtivos y presas que nos impedían el paso, poco a poco mis compañeras de viaje se fueron quedando y a medio recorrido ya navegaba sola. Sabía que tenía que seguir con todas mis fuerzas. Pero llegué a este lugar donde no pude más,… mira ese muro de hormigón y hierro no deja un solo hueco para poder pasar.
Pensé que las cristalinas aguas de la alta montaña ya no bañarían mis huevas jamás.

- Quiero que sepas que los pescadores estamos en contra de todas estas murallas en el río.
-Me lo imagino, claro, vosotros sois amigos. Bueno, pues aquí me quedé ante este muro de mala sombra. Conocí otras amigas pero todo se volvió triste y aburrido, y supe que mi libertad se había acabado.
-Te entiendo, esto ya no es un río… es un canal. Todo es por los €€€, se que no lo entiendes, bueno… en verdad, yo tampoco lo comprendo. Cuenta más por favor.
-Poco más, como aquí el tiempo pasa despacio me desanime mucho. Y un año tras otro fui poco a poco perdiendo fuerza y astucia, y así, hoy, cuando masticaba una lombriz y sentí un pinchazo fuerte en la boca supe enseguida que había picado el anzuelo y pensé que todo se había acabado.
-Bueno pues si quieres algo más de nosotros, dínoslo que hoy es un gran día para todos.
-Seguramente sea la última vez que hablemos y aprovechándome que somos ya los tres amigos os quiero pedir una última cosa.
-Dinos, pide lo que quieras.
-Que me devolváis al agua, pero por encima de esta mala presa para que este año pueda poner las huevas en el nacimiento de este río de alta montaña, en aguas limpias y bajo un cielo azul.
- Hecho. Eso esta chupado.- dijo el pescador poniéndose en marcha sin dudarlo.
Cuando el pescador acariciándola en la panza la liberó al otro lado de la presa la trucha soltó unas burbujas de aire y habló por última vez…
- Adiós amigo pescador, adiós perro bueno.
- Adiós amiga pintona, adiós.
- Guau…guau se despidió Sil.

Cuando se alejaba despacio de la orilla, río arriba, se paró un instante y sus miradas se encontraran en una despedida cariñosa, entonces el pescador susurrando dijo a su perro…
-No hay nada más bello que un pez en libertad.
-Guau, guau… guau…guau.- afirmó Sil.
Esta historia no acaba aquí… siempre que sueltes una trucha continuará.

Fin

P.D.- Aunque solo ellos escucharon hablar a la trucha todo lo demás está basado en un hecho real que se repite en el tiempo. Las fotografías, si bien no son buenas, son autenticas como la misma historia.


Vanesa Prado Vargas

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