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LUNES, 28-MAYO-2007

Especies alóctonas y su influencia en el medio.

La introducción de especies exóticas invasoras es una de las causas que provocan el cambio global (Dukes y Mooney, 1999). En el mundo, el 39% de las extinciones conocidas de animales desde el año 1.600 se han producido por la introducción de especies foráneas. Cada ecosistema concreto tiene su red trófica característica, en la que las poblaciones de las diferentes especies pueden fluctuar como consecuencia de los factores ambientales (que influyen en la reproducción, crecimiento, migración, mortalidad) y de las interacciones ecológicas (competencia, depredación). Esto supone lo que se llama un "equilibrio dinámico".

La presencia de especies alóctonas (tanto introducidas como invasoras) enfrenta al ecosistema existente por la falta de adaptación de las especias nativas por selección natural.

Aunque muchas de las especies introducidas desaparecen, la persistencia de algunos ejemplares puede desencadenar una serie de efectos, a menudo difíciles de predecir, tales como:

  1. Desplazamiento de especies nativas. Esto sucede cuando la especie introducida es resistente a plagas o enfermedades que puede haber traído ella misma- u ocupa el mismo nicho ecológico que una especie nativa, pero con mayor eficacia. Esto ha ocurrido en el caso del cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) que gracias a su voracidad y resistencia a la afanomicosis ha desplazado al cangrejo autóctono (Austropotamobius pallipes) de buena parte de nuestros ríos. De forma similar, el galápago de Florida (Trachemys scripta) está desplazando a los galápagos leproso (Mauremys caspica) y europeo (Emys orbicularis). La resistencia del olmo siberiano (Ulmus pumila) a la grafiosis, propicia que reemplace a las olmedas autóctonas de Ulmus minor en buena parte de Europa.


  2. Hibridación y contaminación genética. Ciertas especies exóticas que llegan a naturalizarse pueden intercambiar material genético con especies nativas, pudiendo amenazar la persistencia de estas últimas. Esto es particularmente destacable en el caso de algunas especies endémicas o relictas.


  3. Alteraciones de las redes de interacción entre especies de la comunidad. A menudo las nuevas especies interfieren en las interacciones establecidas entre las especies nativas de una comunidad. Así, las plantas exóticas compiten con las nativas por los polinizadores y los dispersores de la zona; las nuevas especies pueden servir de alimento o alimentarse de especies nativas, alterando sus proporciones y su dinámica poblacional . En algunas riberas españolas y portuguesas, donde la sustitución de árboles autóctonos por otros exóticos, como eucaliptos (Eucalyptus globulus), modifica la composición química de la hojarasca que entra en los ríos. Las hojas de estas especies poseen elevados contenidos de taninos y fenoles, que dificultan su descomposición. En consecuencia, los invertebrados acuáticos que se alimentan de hojarasca descompuesta ven mermados sus recursos alimenticios, tanto en calidad como en cantidad, lo que reduce sus tasas de crecimiento y, en último término, altera la estructura de toda la comunidad acuática.


  4. Alteración de las condiciones del ecosistema nativo. Si bien algunos invasores parecen tener caracteres en común, hasta ahora tales listas sólo comprenden un pequeño grupo de especies y las excepciones abundan. Las especies emparentadas con los invasores, particularmente aquellas en el mismo género, parecen obvios candidatos a ser invasores potenciales. Pero la mayoría de los invasores biológicos tienen pocos o ningún pariente agresivo Este hecho puede simplemente reflejar la falta de oportunidades para la inmigración más que la falta de capacidad para invadir. Sin embargo, las evidencias circunstanciales sugieren otra cosa: el agrupar por relación taxonómica ha probado ser un método impreciso para predecir el potencial invasivo de una especie.


Introducciones históricas y recientes

La fecha de las que podrían ser denominadas introducciones históricas en la península (carpa, carpín y tenca) es tema de controversias entre los diferentes autores. Para unos, la carpa (Cyprinus carpio) y el carpín o pez-rojo (Carassius auratus) fueron introducidos por los romanos, que los utilizaban como elemento decorativo, en estanques, y quizás también gastronómico. Un segundo impulso a su expansión lo dio la necesidad de contar con pescado fresco en los monasterios medievales del interior, lo que permitiría complementar la dieta de hortalizas con que los clérigos cumplían el precepto de abstenerse de comer carne de pelo o pluma durante la Cuaresma. Esta podría ser también la explicación a la introducción de la tenca (Tinca tinca). Otros autores en cambio, admiten que la carpa y el carpín fueron introducidos en Europa por los romanos (siglo I), pero postergan su introducción en la Península Ibérica al siglo XVII.

Sea como fuere, hoy en día estas tres especies pueden ser encontradas en la práctica totalidad del territorio peninsular, y su carácter alóctono es generalmente desconocido por la población humana. A las introducciones históricas mencionadas se les han añadido muchas otras durante el último siglo, seguramente como consecuencia de la mejora en transportes y en conocimientos sobre piscicultura.

A finales del pasado siglo se introdujeron en la península dos salmónidos procedentes de Norteamérica, la trucha arco-iris (Onchorhynchus mykiss) y el salvelino (Salvelinus fontinalis), así como un ciprínido centroeuropeo, el gobio (Gobio). De este último se cree que se importó con la finalidad de criarlo para servir de alimento a las truchas en piscifactorías. Algo más tarde, allá por 1.910, se realizaron experimentos de aclimatación, en las aguas cerradas del lago de Banyoles (Gerona), con varias especies: trucha arco iris, gobio, gardí (Scardinius erythrophthalmus), brema (Abramis brama), alburno (Alburnus alburnus), locha de estaque (Misgurnus fossilis), cacho dorado (Leuciscus idus) y Leuciscus souffla. De éstas han establecido poblaciones las tres primeras especies, desapareciendo al parecer las restantes. La introducción del pez-gato (Ictalurus melas), aunque menos contrastada, también parece datar de principios de siglo, siendo el lago de Banyoles el primer lugar donde se introdujo. En 1.921, y con el fin de combatir las plagas de mosquito transmisoras del paludismo, la Administración importa de Norteamérica la gambusia (Gambusia holbrooki), con fatales consecuencias para dos especies autóctonas en peligro de extinción, los endémicos fartet (Aphanius iberus) y samaruc (Valencia hispánica), este último considerado uno de los dos peces del planeta en mayor peligro de extinción según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza).

El Servicio de pesca Continental, caza y Parque Naturales (SPCCPN), introdujo en las aguas dulces ibéricas otra especie foránea, el lucio (Esox lucius), previo informe favorable del ingeniero Velaz de Medrano. En Abril de 1.949 llegaron los primeros 50.000 huevos embrionados procedentes de Francia, que fueron instalados en la piscifactoría que el SPCCPN tenía en Aranjuez (Madrid). En Diciembre de ese mismo año se soltaron los primeros lucios adultos (255 individuos), procedentes también de Francia, en el río Tajo. En el caso del lucio no podemos hablar de especie estrictamente alóctona, ya que esta especie habitó en la península hasta el Pleistoceno, como parece indicar una vértebra fósil hallada en le yacimiento arqueológico achelense de Aridos-I (Arganda, Madrid). Sin embargo, al haberse extinguido de la península hace tantos miles de años, tiempo durante el cual nuestros ecosistemas acuáticos han seguido evolucionando en su ausencia, cuando se la incorpora de nuevo a las aguas es recibida como un elemento extraño, igual que a cualquier especie totalmente alóctona, por lo que tampoco podemos considerarla especie nativa o autóctona.

El SPCCPN, en 1.955, lleva a cabo una suelta piloto de perca americana o blackbass (Micropterus salmoides), tras ser criada y estudiada en la piscifactoría de Aranjuez, y también introduce la trucha de fontana o salvelino (Salvelinus fontinalis) y el salvelino alpino (Salvelinus alpinus) en ibones y estanques pirenaicos y en algunos embalses del centro peninsular. De la persistencia de esta última especie no se han encontrado pruebas, por lo que se la supone extinguida y no es incluida en la lista de la fauna de peces de agua dulce actual (tabla 1). En 1.968 fue introducido por primera vez, en el río Tormes, el hucho o salmón del danubio (Hucho), de manos del SPCCPN, con fines deportivos, para la pesca con caña.

A finales de los años 70 se introdujo, al parecer legalmente, la lucioperca (Stizostedion lucioperca) en el embalse de Boadella (Girona), de modo experimental. Posteriormente, en 1.990, ha sido citado en el embalse de Mequinenza y bajo la presa de San Lorenzo de Montgay (Lleida), probablemente como consecuencia de introducción ilegal. En la década de los 70 el SPCCPN fue sustituido por el ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza). Esta sustitución fue más importante de lo que pudiera parecer, ya que el cambio de entidad administrativa fue acompañado de un cambio de actitud hacia la Naturaleza. Se frenó la política que fomentaba la introducción de especies alóctonas, aunque desde entonces se cultivan y dispersan las especies exóticas que gozan de mayor aceptación en le colectivo de pescadores: carpa, tenca, trucha arco-iris, black-bass y lucio.

En 1.974 se cometió un grave delito ecológico. Uno o varios particulares, con conocimiento de que lo que hacían era totalmente ilegal, introdujeron un tonel con 32 alevines de siluro (Siluro glanis) a través de la frontera con la excusa de que iban a servir de cebo vivo para capturar lucio y black-bass en el embalse de Mequinenza. Lo que en realidad se hizo con ellos fue liberarlos en la desembocadura del río Segre en el Ebro. Los intentos de justificación de esta introducción, publicados incluso en alguna revista de pesca, carecen de todo rigor científico. Aunque no sirva de consuelo, esto no es lo común. La mayoría de las restantes introducciones de peces alóctonos parecen haber sido llevadas a cabo por particulares bienintencionados pero ignorantes. Por lo general se trata de personas amantes de la Naturaleza, pescadores en muchos casos, que creen hacer un bien al soltar peces en un río o embalse, sea cual sea su especie y origen, desconociendo que lo que probablemente estén haciendo sea provocar un desastre ecológico.

Actitudes similares han potenciado la expansión del tristemente célebre cangrejo rojo o de las marismas (Procambarus clarkii), calificado por los expertos como "ecológicamente indeseable en nuestras aguas". Fruto de estas introducciones particulares parece ser la presencia, en aguas peninsulares, de las especies alóctonas que nos quedan por mencionar. El gardón o rutilo común (Rutilus), frecuente y abundante en Europa y buena parte de Asia, ha sido introducido en la Península Ibérica, aunque en unos pocos lugares (río Llobregat, canal de Urgel,...).

El fúndulo o pez-momia (Fundulus heteroclitus) es originario del Este de Norteamérica y actualmente se le encuentra en el Suroeste de la Península Ibérica. Existe una cita del siglo pasado, cercana a Sevilla, que posiblemente corresponda a esta especie. Es posible que llegara hasta la península como "polizón" en algún barco.

La perca (Perca fluviatilis), común en Europa, ha sido introducida en el embalse de Boadella (Gerona), que al perecer es el único enclave ibérico en el que habita. El pez-sol (Lepomis gibbosus) es otra especie originaria de Norteamérica que ha sido introducida en la Península Ibérica, no estando clara la fecha de su introducción. Finalmente, el chanchito (Cichlasoma facetum) es un cíclido originario de Sudamérica, muy utilizado en acuarios, que se ha aclimatado a las aguas del sur peninsular como consecuencia, probablemente, de la suelta de ejemplares que fueron importados para acuariofilia. La primera cita peninsular data de principios de los años 40, en Portugal, pero recientemente se ha comenzado a expandir con gran fuerza.

Ramiro Asensio y Javier Pinedo
(Biólogos de la Federación Territorial de Pesca de Álava)
AEMS - Ríos con Vida

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